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viernes, 25 de febrero de 2011

El decaimiento de la tarde gris

Nublado,
llueve espeso mientras las hojas saludan
a un viejo que se le dobla el paraguas
mientras lucha contra la tempestad.
A las gotas que se le clavan en los ojos las mira
pero no las ve.
El paso es entrecortado,
como el viento al detenerlo
cada vez que vuelve a comenzar.
El almacén esta lejos,
cuatro cuadras y media,
y el ronroneo de los intersticios
busca socavar sus orígenes.
Un paso chanfleado
continúa a otro no menos enclenque.
“la vida nos enseña a esperar”
piensa mirando nada.

Golpean

Un sin fin de historias golpean en la sien,
buscan expresarse y dar sentido al momento
actual.
Pensamientos que se contradicen,
¿pero cuál es la verdad en este fondo de angustia?
Ninguna, evidentemente,
en este bar de cerveza negra y arquitectura bizarra,
con múltiples embotellamientos, máquinas de cocer atadas al suelo
y un poema por decir.

Ahora sí, después de tanto patear
queda lo nítido, lo compacto, lo sólido:
Un desayuno con un jefe copado.
Una pizza y una cerveza con un amigo sensible.
Un domingo con cinco horas de escritura jugada.
Una canción de Charly junto a dos antipáticas que miran
sin entender mientras escribo lo que lees.
Un viaje en colectivo rebobinando una película de vida.

Y qué duro dormir una tarde
después de haber trabajado hasta las doce de la noche
y luego levantarse a las seis para de vuelta
prostituirse con la idea de escribir lo que lees.
¿Pero cuántas ideas?
Ninguna, evidentemente.
Un sin fin de historias golpean en la sien,
buscan expresarse,
¿pero cuál es la verdad en este fondo de angustia?